arriba

 
   
8 Salvador Hernández 4Ago.2010
8  Jesús Nieto 4Oct.2010
  8 César Martín 4May.2010
   
   
 

Si deseas comentar algo sobre este apartado puedes hacerlo en el Libro de Visitas

 
 
 
 

 

 

 

 

 
 

Salvador Hernández

(Zarceño excombatiente de la guerra civil)

Entrevistado por su sobrino Salva en:

Mi Rincón Literario

Agosto 2011

La inteligencia se ve en los ojos (Salvador Hernández)

Una mañana de Agosto, después de las fiestas de San Lorenzo 2011, acudí a casa de mi tío Salvador. No era la primera vez que lo hacía. En visitas de años anteriores solía contarme episodios sufridos por él en la guerra civil. Esa mañana fue diferente, logró emocionarme y emocionarse.
Previamente había consultado la posibilidad de darle forma a través de un relato. Todo fueron facilidades porque el protagonista creía tener pendiente una cuenta conmigo, de tal modo que, había mandado recados a los familiares para que me aclarasen la duda que le preocupaba.
Con premisas tan evidentes todo se me ponía de dulce. Mi familia subió a Salamanca. Llevé varios folios y cuando cruzaba el frontón me sentí un poco incómodo, pensaba que Salvador seguramente estaría esperando. No me equivoqué en mis suposiciones.
Crucé el jardín y vi que la puerta estaba entreabierta. ¡Hola! Grite. Nadie respondió. Al entrar, la habitación tenía una discreta y cómoda claridad que trasmitía el frescor que en la calle el sol ahogaba.
Salvador esperaba cómodamente sentado en un sillón rojo. Feli, mi tía, dormía apoyada sobre el brazo del butacón, que estaba unido al de Salvador.

Los besé y Salvador me comentó cómo iban los achaques.
(Cuando ya han pasado de largo los noventa es un privilegio el hecho de poder contarlo. Y Salvador tiene una agilidad mental y una memoria que se escapa de la normalidad)

“Yo quería ser militar. Tenía un primo, Francisco, que era Brigada del ejército en Tarrasa (Barcelona). Dejé el campo y en tren me encaminé a Tarrasa. A los dieciocho días después de mi ingreso en el cuartel estalló la guerra civil. Ya ves qué panorama me esperaba”

Salvador se agita en el sillón, limpia una y otra vez la comisura de los labios con un pañuelo. La televisión está apagada y la tía Feli permanece quieta con la cabeza junto al brazo de Salvador. Éste observa cómo escribo. Le miro, tiene la piel blanca y los ojos que se ayudan del sonido para orientarse. En la calle no se oye nada.

Salvador, un prodigio de memoria y reflejos mentales

-Salvador ¿me ves?

El bulto... ya no veo.

Alzo un brazo y le pregunto: ¿Qué mano tengo levantada?

- La izquierda.

- ¿Y ahora?

- La derecha.

Me dispongo a tomar notas sin perder nada, mas Salvador se explaya en los parentescos como si yo los conociese.

“Ya hacía un año que había salido de la Zarza y tenía como compañero en el dormitorio a un comisario político. Fue el responsable de que de que me nombraran cabo del ejército republicano”
“Estuve en muchos frentes, Fornillos, Jaca, Barbastro, Quinto de Ebro, Sástago, por dónde pasa el Ebro, Caspe, Alcañiz, etc. Un día estábamos dentro de un búnker, yo llevaba una ametralladora, primero la checa, que tenía el cañón como de plástico y se calentaba; después tuve la metálica”

Salvador perdió por momentos el recuerdo del suceso que me quería contar, casi al instante retoma el hilo sin que yo haya hecho nada por recordárselo.

Lo del búnker, estábamos en lo del bunker, sí, salí fuera y tenía a escasos metros los soldados nacionales. – ¡Que salgan todos!- ordenó el mando de los nacionales al ver que mis compañeros continuaban en el bunker. Los pobres estaban aterrados. Yo también. Ese día pensé que no salía vivo de allí. Me lanzaron una granada que pasó muy cerca. Pero tuve suerte y seguí vivo”

Por mi cabeza pasó la idea de preguntarle por los compañeros del búnker, pero no quise distraerle ni incidir en nada si él no lo comentaba.

“Mas adelante pude reunirme con republicanos en retirada, porque la Artillería de los nacionales nos obligaba. Nos agrupamos y yo era el único mando del grupo. Esa noche tuve un incidente que me marcó para siempre. Sucedió a la hora de asignar los centinelas que cubrirían la noche para avisar si merodeaba el enemigo.
-Tú harás la primera guardia, le dije a un soldado.- Se negó, justificó que tenía mucho miedo.
Todos teníamos miedo, pero era la guerra, y si perdía la autoridad, en tales circunstancias, todo se perdería.
Desenfundé la pistola y le apunté a la cabeza.
-¡Si no lo haces te pego un tiro! – amenacé.
- Mátame.
No tuve valor, en ese momento supe que yo no servía para matar. Su turno de imaginaria lo tuve que hacer yo.”

 
- Salvador, ¿A qué hora coméis?- le pregunto.
- Más o menos sobre la una.
- Pues, se acerca la hora-
le digo mirando mi reloj- volveré después de la siesta.
- Yo no echo siesta- me dice él.
- Intuyo que está disfrutando con lo que estamos haciendo.
- Salvador yo me acuesto tarde siempre durante estas fechas- le digo- me viene bien una siestecita, así está uno después más fresco y con la cabeza despejada.
Salgo a la calle pensando en cómo ordenar el caudal de anécdotas que Salvador me ha contado. Me doy cuenta que estoy ante una oportunidad única y no quiero que la pereza me haga perder nada, absolutamente nada.
El sol arrea con saña y el pueblo entero parece dormido. Al cabo de un par de horas regreso a casa de Salvador.
 
LA MUERTE MENTIROSA
 

El artífice de esta historia:

 El Señor SALVADOR HERNÁNDEZ


Cerrábamos nuestra conversación de la mañana narrando el episodio sobre la desobediencia que el miedo produjo en el centinela y la imposibilidad de Salvador Hernández por conseguir que el soldado acatara la orden. El hecho que subyace en aquel encuentro no es otra cosa que la fortaleza moral de nuestro protagonista Salvador, a quién ni las atrocidades más grandes de la guerra consiguieron tambalear sus principios como ser humano.
Sabemos que, no habría pasado “nada”, e incluso hubiese estado admitido el crimen si se hubiese producido en aras de mantener la disciplina castrense. Sin embargo, la educación y otros valores aprendidos durante su infancia en Zarza de Pumareda se mantuvieron firmes y muy por encima de las atrocidades de la propia guerra
.
 
LA MISTERIOSA CHICA DEL BESO

-¡Hola!- saludo al entrar. Igual que sucedió en la mañana, nadie responde.
Entro en la sala y la imagen es idéntica: Salvador permanece acomodado en su sillón rojo y tía Feli recostada sobre el brazo del sillón y bajo el efecto adormecedor de las medicinas.
- Salvador, me gustaría que me contases, si recuerdas, algún momento de los que viviste por allí que nada tuviera que ver con la guerra. ¿Tuviste alguna novia?-
le solté a bocajarro, mirando de reojo a tía Feli, quién parecía profundamente dormida.
Salvador se queda unos instantes pensativo. Le observo en silencio sin preocuparme del tiempo que tarda en llegar la posible respuesta.

Por treinta pesetas adquirió  ese traje. Un tipo elegante    
 

- Novia, lo que se dice novia no llegué a tener ninguna- aclara, rascándose la barba del mentón en un gesto de masculina coquetería- pero te voy a contar algo que a mi me resultó sorprendente.

- Cuenta, cuenta-
le incito

-Estábamos en un pueblo, ocupado, claro está, por los republicanos, y se organizó un baile. A mi me encomendaron la misión de vigilar que no hubiese altercados, es decir: borracheras, peleas, y esas cosa que puede traer la juventud, que siempre es juventud aunque esté en plena guerra. Y a veces a dos le gusta la misma muchacha y ya la tenemos liada más pronto o más tarde. Pues bien, durante el baile observé que una chica no me quitaba el ojo de encima. Al día siguiente iba paseando yo por el pueblo y la encontré en una de las calles. Se acercó y sin decir nada me dio un beso y marchó corriendo.
Al cabo de unos días vino una ambulancia al pueblo para llevarse a alguien, me acerqué y vi que era la chica del beso.

Pasó el tiempo y nos fuimos a otro pueblo y volví a verla, ahora era madrina de guerra, cuya misión consistía en obsequiarnos con comidas y pequeñas meriendas. A partir de ahí nunca más volví a verla y yo seguí en el frente.


PRISIONERO EN EL CAMPO DE CERVERA (LLEIDA)

-Recuerdo que era el día 8 de Febrero cuando nos retirábamos las fuerzas republicanas hacia Puigcerda. Hacía un frío terrible. La carretera estaba completamente nevada. Aquello era una caravana humana de supervivencia. Encontrábamos coches abandonados en las cunetas. Soldados heridos que eran ayudados por otros soldados. Mujeres con niños en la espalda. Hombres con carretillos atestados de maletas. Mozalbetes con bicicletas cargadas con colchones. Todos sabíamos que aquella dureza era una puerta a la esperanza, que tras aquel dolor podrían llegar los días de sol que añorábamos de nuestra tierra. Atrás dejábamos la muerte, el hambre y la miseria más cruenta. En fin, nuestro campo tenía una cosa buena al menos para mí, el mar. Allí en en aquel reagrupamiento de españoles refugiados de guerra estuve tres meses.
Se empezó a comentar que si regresabas a España y no tenías delitos de sangre los nacionales no te hacían nada. Y , claro está, yo no tenía nada. Consideré que debía venir a España y nos trajeron con un tren que entró por Portbou y nos llevaron hasta un convento de Cervera- Lleida. Estaba lleno de republicanos con un aspecto poco agradable...
 
Salvador hace una pausa mientras da un sorbo al vaso de agua que tiene enfrente. Momento que aprovecho para preguntarle.
 
- ¿Durante aquellos días tenías noticias del pueblo?
 
- Ninguna. Antes yo les escribía cartas, pero después fue imposible comunicarme.
 
- ¿Entonces tu familia no sabía si estabas vivo o estabas muerto?
 
- Esa es otra. Llegó un vecino al pueblo que había estado con los nacionales en el frente de guerra y le preguntaron por mi. Al decirle el lugar dónde creían que yo estaba, el dijo: ¡eso ha quedado todo achicharrado!
 
Se puede decir, Salvador-justificó- que esto no resultaba extraño, casi se podía esperar que un día u otro llegara una noticia así, pero espera, espera que te cuente.
 
- Estábamos en el campo de Cervera. Allí nos hacían cantar el cara al sol y además instrucción a todo meter. Cierto que éramos jóvenes, pero ya estábamos muy débiles. Para comer únicamente nos daban un vaso de alubias frías y un panecillo. Eso era la comida de todo el día. A veces nos la daban a primera hora. Otros días a última hora. Era una tortura. No podíamos asearnos.
 
Cada día llamaban a algunos presos por megafonía. Cuánta pena me daba ver cómo se esforzaban por superar los escalones con las escasas fuerzas que tenían. Los interrogaban y azotaban. Algunos regresaban con el perdón y seguían en el campo. Otros jamás volvimos a verlos.
 
Un día estaba yo tras la valla del campo y vi una silueta que me resultó familiar. "Si parece... pensé"
 
A los pocos minutos me llamaron. Acudí a la entrada del campo, sucio, desaliñado y avergonzado: ¡¡¡Mi hermano Pepe!!!
 
Nos abrazamos con el mayor sentimiento que te puedas imaginar. Fue tanta la emoción que, al soltarnos, él cayó hacia un lado y yo hacia el otro. Escribí a mis padres que me creían muerto y ya no tardé mucho en regresar a mi pueblo.
 
La gente me estaba esperando en la carretera y había una mujer que gritaba: "Yo nunca he visto a un rojo, quiero ver a un rojo". No sé qué esperaba.
 
Como te puedes imaginar todo era emoción, mucha alegría, y por mi parte muchas ganas de olvidar. Yo no quería contar nada triste que estropeara la alegría. La gente me besaba y abrazaba. Mi familia lloraba y mi padre cuanto me tuvo delante, me abrazó diciendo: ¡¡AY HIJO, YA TE TENEMOS EN CASA!!
 
En ese momento, Salvador, sacó el pañuelo, no para limpiarse la comisura de los labios.
 
- Estoy llorando- me dijo.
 
- Yo también Salvador- respondí cogiéndole con fuerza la mano que tenía apoyada en la mesa- has conseguido emocionarme. Muchas gracias. Será difícil olvidar este momento.
  .  

Más fotos en blog de Salva:  :

>  1ª parte

 
2ª parte

.    

Jesús Nieto

( Zarceño de mayor edad )

Con motivo de su

95 cumpleaños

.

Octubre 2010

 

Hola, Jesús ¿me conoce?

   Sí hombre

¿Quién soy?

   ¡Coño! tú eres...el... del tío Manuel.

¿Cómo está, cómo se encuentra?

   Bieeennn!

¿De salud bien?

   Sííí, sííí...

¿Sabe, Jesús, que es usted el mayor del pueblo?

  ¿Eh? ... Yo no sé si seré o no; me parece que... Porque... de la quinta mía, me parece que ya todos están,... están... p allá.

De los que viven en La Zarza es el mayor ¿no?

   Sí, sí...

¿Hay alguno que viva fuera que sea mayor que usted?

   No sé..., pero me extraña; me parece que no. Y creo que de la quinta mía no vive ya ninguno tampoco.

¿Y qué se siente al ser el mayor de La Zarza?

   ¡Hombre!, pues por lo menos está uno contento, porque llega uno, verdad, a estas edades y... está bien...

Es una categoría ser el mayor del pueblo, ¿no le ha concedido el ayuntamiento alguna medalla por este motivo?

   ¿A mí?...   ¿Pa qué quiero yo la medalla?   (risas...)

Yo recuerdo a su padre, el tío Aniceto, que fue cartero y en mis recuerdos lo veo recorriendo el pueblo repartiendo las cartas,  y creo que llegó a cumplir los cien años.

   Sí, murió con cien años y diecisiete días.

O sea que, "De tal palo, tal astilla" ... ¿no?

   Sí, sí.

Así que usted tiene que pasar de los cien o más.

   ¡Coño!, como no me muera antes, ya lo creo.

¿Ha oído hablar de Internet?

   Yo no sé...

De ordenadores y esas cosas modernas

   Yo no sé, yo no, no,... de eso no.

Llegado a este punto le tengo que aclarar, Jesús, que esta entrevista, esto que me está contando lo colocaré en la página que La Zarza tiene en Internet, como homenaje al mayor del pueblo que es usted, si le parece bien y me da su permiso; pues los zarceños que viven fuera, muchos de ellos visitan nuestra página y de esa manera siguen en contacto con el pueblo, aunque sea virtualmente en la pantallita del ordenador.  Así que... ¿me da su permiso?

     Sí, sí

¿Que le parecen estos inventos de los móviles y ordenadores?

    ¡Pues hombre!, son cosas modernas que están muy bien..., si se usan bien.

¿Y de memoria, qué tal?

    Yo muy bien

¿Me diría cómo se llamaban sus padres?

    ¡Sí hombre!, mi padre se llamaba Aniceto

-¿Y su madre?

    María

¿Y sus hermanos?

    Mis hermanos,... Anuncia, Pilar, y luego... Manolo, Santiago,... la Carolina, Pepe, todos.

 ¿Quién es el menor, Pepe o Carolina?

    La Carolina

¿Y cuántos hijos y nietos tiene?

   Hijos cuatro: Elisa, Manolo, Jesús y Jose-Mari. Y nietos... tres y uno y ... siete,... ¡ocho!, ¡ocho! nietos y dos bisnietos.

Cuénteme algún recuerdo de cuando era chaval, ¿qué hacía?

   ¡Qué se yo!... dar guerra, a lo mejor... (risas)

¿Ayudaba en la fragua de su padre?

   ¡Sí, hombre!... mucho.

Y de mayor ¿a qué se dedicó?

   Agricultor, a la agricultura.

Agricultor de baja escala, como todos en el pueblo ¿no?

   Sí, sí, eso.

( Foto de archivo - 1968 )

¿Actualmente qué hace, su vida ahora cómo es?

   Pues la mi vida,... pues nada,.. ya ves,  de edad... ya grande, y mayor, ... y estoy bien.  Y yo,... ¡qué coño!, qué voy a pedir más.

Bueno, Jesús; ¿quiere decir algo más para que pongamos en Internet, para que lo vean y lean los que visitan nuestra página, en Salamanca, en Sevilla me consta que sus familiares, sus sobrinos la visitan; también gentes de toda España, incluso del extranjero, últimamente muchos de Argentina que son nietos y bisnietos de aquellos que emigraron ?

  ¡Cóño, qué voy a decir ya!... (risas) . Bueno... pues... un saludo para todos y ya.

Me alegro mucho de verle y encontrarle tan bien.

   Y yo también, sí, sí. Estoy bien, ya qué voy a pedir,... gracias a Dios me ha concedido llegar hasta aquí...

¿Me dice que dolores no tiene, verdad?

   No, no; yo nada

¿Sólo lo de la vista?  -Me aclara su hija Elisa que debido a una pequeña lesión ocular, que no aconsejan los médicos operar por su edad, tiene alguna dificultad que él así nos explica:

   Hombre, la vista,... pos eso... Hay días que veo mejor, unos días que otros, cuando sales a la calle, unos días veo mejor que otros, según esté la atmósfera...

Enhorabuena y felicidades Jesús y muchas gracias por tu amabilidad, buen humor e ironía y gracias a tu hija Elisa, colaboradora en facilitar esta entrevista. Quedamos citados para dentro de cinco años, cuando cumplas los cien. (Manolo)

 La Zarza: Agosto-Octubre 2010

relacionado


.

001

     

 

CESAR MARTÍN CALVO

(Sacerdote)

Con motivo

de sus

Bodas de Oro

Sacerdotales

1960 / 2010

Teresa, hermana de D. César entrevista a su hermano a petición de la página

 

Mira hermano, en la Zarza virtual, me han pedido que te haga una breve entrevista y confían que la consiga. Pienso que no podemos defraudarles. Seré breve en cuanto a preguntas:
 
Dime, ¿Cómo recuerdas tus años de niño en el pueblo? ¿Qué primeros recuerdos tienes?
 
El recuerdo o recuerdos de mi niñez en el pueblo están medio borrosos; la escuela de párvulos que atendía la Sra. Auxilio, cuando cantábamos la tabla y el catecismo; la escuela de los mayores cuando se compró una estufa de leña para la que teníamos que llevar leña los niños. De la iglesia la novena de ánimas cuando desde el coro algunos hombres cantaban: "Por la pobrecitas almas - todos debemos rogar - que Dios las saque de penas y las lleve a descansar"  Y también de subir a la punta del pueblo a buscar a la panadería el pan negro del racionamiento que no nos gustaba. Iba a casa de mi abuela Teresa que hacía pan blanco (de contrabando).
 
¿Cómo surgió tu vocación? ¿Hubo algo o alguien determinante?
 
Todo empezó siendo monaguillo, como lo fueron muchos chicos del pueblo con D. Leopoldo. Ciertamente yo no recuerdo haber jugado a celebrar misa como se cuenta en otros casos y que nuestro poeta Gabriel y Galán refiere en una poesía que titula "Vocación"  y que culmina con la primera misa.
 
Indudablemente influyó mi madre, aunque mi abuela Teresa no le agradaba la idea "porque había oído que en el seminario se pasaba mucha hambre". Algo de eso había habido; pero era por los años 1940-44 y yo entré en 1 de octubre de 1947 con Juan Evangelista Alonso.
 
Los primeros tiempos en el Seminario ¿fueron llevaderos o duros?
 
Vistos desde ahora puedo decir que eran duros; pasábamos mucho frío en invierno sin ninguna estufa o brasero, no volvíamos a casa ni una sola vez desde octubre a junio; por estar tan lejos del pueblo no tenía visitas durante el año, más que de la ciudad.  Pero entonces estos inconvenientes y otros no los sentía. Nunca fui un alumno rebelde ni exigente. La austeridad era la tónica de aquellos años en todos los órdenes.
 
Con la perspectiva de los 50 años transcurridos cómo recuerdas tu ordenación y tu primera misa en La Zarza? Cuéntanos.
 
La ordenación fue en la catedral vieja de Salamanca el 16 de abril de 1960 en la vigilia pascual; entramos con la luz del día y aunque la celebración duró varias horas por el número alto de ordenados tuve la sensación de que "seguía brillando el sol". La Luz de la Pascua había entrado en mí; acompañado de familiares hubo una fiesta en mi habitación. Consideré que la ordenación era el paso definitivo.
 
La primera misa el viernes 22, en La Zarza, era un complemento, aunque fue una gran fiesta a la que vinieron también gentes de los pueblos vecinos. Otras personas del pueblo pueden recordar más cosas que han aparecido en comentarios en "La Zarza virtual".
 
Se puede decir que la mayor parte de tu labor la has desarrollado en América, concretamente en Asunción (Paraguay), donde en la actualidad sigues. ¿Hay muchas diferencias entre aquella sociedad y esta nuestra? ...  ¿Vas a volver allá...? ....   ¿No has pensado en tu jubilación?...
 
Sí, de los cincuenta años transcurridos cerca de cuarenta he trabajado en Asunción. He visto que el director de la página web de "La Zarza virtual" se informó bastante bien de mis cargos allí y aquí. Fueron los 8 primeros años de formador y profesor en el Seminario Metropolitano de Asunción - Seminario prácticamente nacional -  Pasé a la parroquia del Carmen, cuando se abrió el Seminario nacional, luego Guijuelo, luego otra vez parroquia del Carmen; un año en Trinidad, 14 ya en Salvador del mundo, elevada a parroquia en 1997, así figuro como el primer párroco.
 
No hablaré de aquella sociedad, sino de los feligreses de allí. Lo religioso tiene bastante peso, lo que llamamos religiosidad popular: peregrinaciones al santuario mariano de Caacupé; bendiciones, devociones, imágenes, medallas; a pesar de no pocas defecciones y abandonos de sacerdotes, la Iglesia ocupa el primer lugar en la confianza del pueblo. Se organizan ellos en comisiones para hacer una capilla, lo que le extrañó mucho a D. Braulio, obispo de Salamanca, cuando nos visitó.
 
Y sobre todo la relación con el sacerdote es mucho más cercana y más cálida que aquí. Por ejemplo, te hacen una fiesta  o un brindis al menos tres veces  al año; el día del párroco - 4 agosto - el del cumpleaños, el de la ordenación y a otro compañero que falleció el mes de sus bodas de oro, en su santo.
 
Sí, volveré a mi parroquia,... hasta ...
 
¿Cómo has vivido la celebración de tus Bodas de Oro Sacerdotales, primero allá en Asunción y después en La Zarza y en Salamanca?
 
He tenido durante varias semanas una intensa preparación espiritual con lecturas y preparando los textos  de la homilía y de la hoja que se distribuyó a los asistentes. Ha sido un revivir la ordenación sacerdotal. Quizá demasiadas celebraciones, pero pienso que además de ser unas celebraciones  de acción de gracias a Dios, me debía a los fieles de mi parroquia, a mis familiares y paisanos (compueblanos) y también a mis compañeros de ordenación, a los que les ha traído mucha alegría. Y todo esto me ha sido a mí muy grato.
 
Cuando estás en Asunción, ¿tienes ocasión de entrar en Internet y visitar la página del pueblo? ...   Dinos cómo se ve La Zarza en la distancia.
 
Llevo con internet más o menos un año. De cuando en cuando abro la web de La Zarza. Me entero especialmente del tiempo que hace; seguí el conflicto desgraciado del nido de la cigüeña y saltó a otros medios no solo escritos sino también virtuales como el periódico digital: LA CIGÜEÑA.
 
¿Cómo la veo? ... ¡Como mi pueblo! ...
 
Para finalizar ¿Quieres añadir algo más o decir lo que quieras y no te haya preguntado?.... Ya ves, no han sido muchas preguntas.
 
He accedido a esta entrevista por gratitud a los que andáis  con la "página". Como un modo de comunicarme con esa Zarza que es visitada en esta página por tantos hijos o descendientes del pueblo.
 
Aprovecho este espacio para expresar mi gratitud a todos: familiares, feligreses de mi parroquia de Salvador del Mundo y amigos, vecinos de Zarza de Pumareda, religiosas y sacerdotes que participaron en las celebraciones; parientes ausentes que me llamaron al ver el reportaje de la fiesta, como los primos Joaquín y Encarnación de Sevilla y otras más: Cari y Angelita.

(La Zarza, mayo 2010)

enlace relacionado

 

ïVolver

Inicio